Por Hilgo Larton

Hace algún tiempo, este blog estuvo animado por un debate sobre la ilegalidad del aborto en Chile. En dicha ocasión, El Citizen Almeida criticó a los defensores del derecho al aborto por cuanto su estrategia, en lugar de consistir en una defensa abierta de su postura y de propender a un cambio de perspectiva en la opinión pública, jugaba ambiguamente con la figura del aborto terapéutico como camino plausible para abrir una grieta jurídica evitando tener que confrontar de lleno la moral imperante. Hoy, el tema vuelve de pasadita al debate público y las críticas de El Citizen recobran su validez.
Ayer fue detenida una niña de 15 años por ayudar a su hermana de 13 a intentar abortar un embarazo de ocho meses. La prensa, que gusta de hacerse vocera de la justicia y de la inseguridad ciudadana, criminalizó severamente el episodio: dijo que “intentó que su hermana perdiera el hijo” en lugar de decir
que “ayudó a su hermana a no tener el hijo”, que “tramó el aborto” en lugar de decir que “buscaron la manera de abortar”, fundió esta noticia con notas de años anteriores sobre la venta de Misotrol en el mercado negro, exhibió escenas con cámara oculta pertenecientes a aquellos reportajes y mostró la cara pixelada de ambas niñas sentada frente en el tribunal. Se refritó la misma performance audiovisual que se utiliza periódicamente para los eventos criminales de mayor revuelo. Y es que el debate de fondo, criminalización versus despenalización del aborto, simplemente no tiene cabida en los medios de comunicación.
Esta niña de 15 años merece todo mi respeto. Hizo suyo el problema de su hermana y actuó para solucionarlo, buscó la mejor opción en términos de seguridad para la salud de su hermana, de discreción y de finanzas, y asumió las consecuencias legales de su acto. Falló por medio mes de embarazo pues el Misotrol tiene efectividad abortiva hasta las 30 semanas de embarazo y la niña tenía entre 31 y 33: el medicamento actuó como inductor de parto prematuro. De haberlo logrado como esperaban, su hermana de 13 años y ella misma podrían seguir gozando de su niñez en lugar de transformarse en madre y tía, y no tendrían que cargar, respectivamente, con los estigmas de puta y de asesina que ya les debe estar asignando el entorno social, con ayuda de la prensa. La abuela de la criatura podría seguir salvando la olla para ella y sus hijas como lo hace actualmente en lugar de tener que constreñir los gastos familiares e idear la forma de hacerse de los costosos bienes y servicios que consume una guagua y, más tarde, un niño en edad escolar.
Los niños son bellos, tiernos, mágicos, alegran la vida, ectétera. Concuerdo con todo eso. Pero el embarazo es un estado que demanda la responsabilidad y la capacidad de responsabilidad de madres y padres, y que involucra el derecho de las mujeres a disponer de su cuerpo y a planificar su reproducción. Estas niñas son víctimas de la privación de educación y orientación sexual y reproductiva a que son sometidos los niños y niñas chilena por culpa del enorme sustrato católico que permea a nuestra sociedad, a nuestras instituciones y a nuestras leyes. Y, sin embargo, por intuición social y femenina, intentaron ejercer ese derecho a la autodisposición que les es negado por una sociedad machista, pechoña, clasista y cínica.
Propongo al El Citizen Almeida congratular a ambas hermanas como Citizens del mes y dejar instituída desde ya dicha distinción para aquellas personas que son lapidadas públicamente por el hecho de ejercer, sin proselitismo ni ambición algunos, derechos humanos que les son amputados por la retrógrada, mediocre y culposa sociedad chilena y que les serían reconocidos y cautelados en cualquier sociedad moderna decente.