


Por RG
Fui concebido para ejercer poder y autoridad. Mi padre era un dueño de fundo que en dos matrimonios tuvo seis hijos; cinco mujeres, todas de nombre María, y luego yo, el menor. Recibí por nombre el mismo que detentaba mi padre, y mi abuelo, y el que se suponía que tendría mi hijo. Pero el tiempo pasó, y el mundo cambió. Ahora no hay fundo, nadie obedece a mis caprichos y ni mi hijo de 3 años –que por lo demás se llama Amaru– me reconoce autoridad alguna.